Memorias de un hombre invisible, parte II
Hoy es mi primer día y espero no sea al último. No tengo mucho tiempo. Quién lo diría...
Necesito hablar o escribir cómo me siento pero eso podría ser demasiado insoportable. Por ello, creo que
perderé el tiempo con otras cosas: hablaré de cine, de cocina o de cualquier cosa que, en ese momento, se me ocurra.
Empiezo.
Hoy he hecho
mis primeros callos. Dicen que hay que hacerlos una vez en la vida. Es algo que no me lo había propuesto pues somos dos y varias horas de cocción. Tendré que congelar unos cuantos. Ya os comentaré la receta. Realmente han salido muy buenos (o eso me han dicho).
Bueno. Tengo que dejarlo, pues tengo un bizcocho en el horno.
(Sigo)
Me gusta la repostería y llevo unos cuantos años
intentando mejorar los postres que hago. Algunos me han salido mal, otros regular y otros bien. Suelo realizar fotografías para acordarme de ellos, pues la repostería es un "arte" efímero, tanto como cualquier plato de cocina. Algunos platos, como los arroces, cambian de sabores en cada segundo. Sería estupendo poder fotografiar los sabores y los olores, eso sería el invento del siglo.
Por el momento me conformo con fotografiar algunos de los realizados: los heredados de mi madre, los proporcionados por amigos, los inventados, adaptaciones, adaptados de foros o blogs, libros, etc..
Cuando "adapto" una receta no considero que sea una “copia”, es tan y como digo, una adaptación con mis (pocos) conocimientos, intenciones o particularidades. Ninca he probado dos tortillas iguales. En la cocina, salvo genialidades aportadas por gente como F. Adriá, está casi todo inventado, la diferencia está en la mano y en las aportaciones personales a ellos. Pese a todo, pido disculpas si alguien cree que dicha autoría le pertenece y debería ser reflejada.
(Sigo)
Pepinho al otro lado del espejo sólo ve un mar de sombras (29/4/2007):

(Sigo, 17/6/2007)
Ya llevo cierto tiempo con mi pequeño (de pretensiones) diario personal-gastronómico y he empezado a notar un cambio de contenidos. Día a día se ha convertido más en un diario, en el que el plato es una excusa para que la gente pueda escucharme en la distancia. Mis lamentos no han traspasado montañas y mares, se han quedado sobre la mesa en la que escribo.
Gracias por escucharme, aunque sólo sea por curiosidad. Aunque sólo sea para descubrir alguna receta. Aunque sólo sea porque te sientes sol@. Aunque sólo sea porque necesitas compañía. Aunque sólo sea porque el azar te ha llevado a éste sitio. Si estás de paso ¡buen viaje!, si te quedas un instante ¡bienvenido!...